miércoles, marzo 7

Narraciones Porteñas - El Pinguino Bailarín

EL PINGÜINO BAILARÍN
Cualquiera que haya tenido la suerte de nacer en El Callao y haber abierto los ojos a la vida a mediados del siglo XX, siendo niño, si es que la memoria le ayuda, se acordará sin duda del Cine Badell y del edificio color amarillo-crema claro, que era su prolongación, el mismo que unía las calles de Castilla y Sucre. A un lado estaban Castilla, la Plazuela del Óvalo y la Calle Lima; al otro, las casas correspondientes a esa cuadra de la Calle Sucre, en una de las cuales funcionaba la Ferretería Picasso, cuyo hijo fue compañero de estudios mío en el Colegio Italiano. Hacia atrás, alzábase el edificio principal de la Cervecería y, cruzando la Calle Castilla, los depósitos de la misma empresa. En sentido contrario, yéndonos hacia Lima, no bien salvada la Plaza del Óvalo, teníamos y tenemos el mercado de abastos, con la misma presencia y figura que conserva hasta hoy, y que ojalá siga guardando por los siglos de los siglos.
Cine Badell antes del Terremoto de 1940 - Archivo Humberto Currarino-Callao




Damnificados del terremoto de 1940 en la Plazuela Casanave
- Archivo Humberto Currarino-Callao -
Cine Badell década de los 60
Justo en la cuña de las dos callecitas – Castilla y Sucre –, la pica de los obreros echó abajo la parte donde poco después se erigió la cafetería que encabeza el título de esta narración. ¿Que cuándo exactamente tuvo lugar el suceso?, dejémosle el trabajo a los historiadores para que escrupulosa y rigurosamente, apoyándose en documentos, ficheros, registros y archivos, determinen el año preciso de su fundación, que, grosso modo, para nosotros acaeció por el cambio del decenio de los cincuenta para los sesenta.
Vista del Pingüino desde la Plazuela Casanave 1960
Archivo Humberto Currarino-Callao
Vista del Pingüino desde la Pileta de la Plazuela Casanave 1960
Archivo Humberto Currarino-Callao
Haciendo una pausa en nuestro relato, digamos que ese sector de la ciudad se hallaba saturado, aunque no de manera desagradable, por las emanaciones de la mencionada fábrica cervecera, cuyas exhalaciones difundían por los aires esencias de lúpulo y cebada. Al costado del edifico central de la Cervecería, en la Calle Castilla, aledaña a la base desde donde se disparaba la enorme chimenea, que actualmente, víctima del progreso sufre su orfandad, había un portón en cuyos umbrales en ocasiones veíamos tomando aire a un hombre vestido con ropas polares, que ofrecía la impresión de buzo sin escafandra, especie de vástago de oso ártico fuera de ambiente, lo que nos daba pie para pensar que sus labores debían realizarse en cámaras de muy bajas temperaturas. Pasando el tiempo, las instalaciones de la Cervecería se extendieron hasta llegar a la Calle Sucre, tendiéndose pasarelas aéreas de transporte de botellas. Andando los años, en la parte de vereda de la fachada principal de la Cervecería, ésa que se halla limitada por las calles Lima y Castilla, o sea la que da a Zepita, fue utilizada de paradero inicial hacia una institución chalaquísima, verdadero Vergel de Placer ya histórico, conocida con el ilustre nombre de El Trocadero. La creación y carta patente fundacional de El Pingüino Bailarín y El Trocadero coincidieron más o menos en el tiempo, si bien en puntos geográficos diferentes de nuestro Callao. Regresemos al Pingüino Bailarín.
Vista de la Pilsen desde la cuadra 4 de Sáenz Peña en los 1960
Digo, pues, que el suceso de su fundación ocurrió en el cambio de decenio, hacia principios de los sesenta, constituyendo pronto el punto de reunión de jóvenes y viejos. Era todo un encanto ingresar a un lugar nuevo, decente, aireado, claro, con ventanales por tres de las cuatro direcciones de la rosa náutica. La cuarta, la de la cocina, quedaba hacia la parte del Cine Badell. No recuerdo si ya desde el inicio mismo, pero en todo caso muy pronto, instalose una rocola o tocadiscos que, por la módica suma de 0.50 centavos de sol, a todo volumen tocaba los boleros lacrimosos, compungidos, clásicos o de moda, plagados de afectos y ternuras no correspondidos, sentimientos desdeñados, temas que tanto nos gusta a los chalacos. Espero hasta ahora que la letra de una sola de esas canciones culmine con éxito y dicha para los amantes ... ¿Llegará ese feliz día?
Vista de la Plazuela Casanave en los años 1960
Archivo Humberto Currarino-Callao
La salida de los colegios se verificaba a eso de las 5.00 de la tarde convitiéndose la Calle Lima en hervidero de adolescencia y hasta de nubilidad, pasando a constituirse El Pingüino en fuerza centrípeta que imantaba a muchachos y muchachas con su hechizo magnético. El establecimiento ofrecía delicias para el paladar propias de su cometido, principalmente pastelitos y café. Entre sus delicadezas y sabores había toda una amplia gama de helados, frescos y refrescos, sorbetes, mantecados y bollos, enrollados, alfajores y alajúes. La leche batida -en inglés Milkshake, para hacerla más elegante-, era la locura de las jovencitas. El Pingüino a secas, fue lugar de encuentro, de citas, de conversación, que seguramente será recordado por los chalacos que lo conocieron y lo gozaron.
Av. Sáenz Peña cuadra 5, frente a la Plazuela Casanave en los 1960
El Pingüino Bailarín representó en El Callao adelanto en el campo de servicios al público: sin temor a atracos, saqueos, despojos, violencias ni latrocinios, los parroquianos, ¡tiempos idílicos aquellos!, podían ser atendidos en su mismo vehículo, sin que tuvieran que bajarse ni salir de él, ni que los secuestraran con auto y todo. Recuerdo a uno en especial, que llegaba en automóvil que sin dificultad podía parangonarse con yate millonario de la Costa Azul francesa. Tratábase de un caballero peninsular que había llegado a hacer la América en El Callao. Su dedicación fue la pesca, sobre todo la de anchoveta, que por entonces se había disparado perpendicularmente hacia los santos cielos colocando al Perú en la cúspide de la depredación de la especie, con, a modo de efecto colateral, la posterior desaparición de gaviotas, pelícanos y alcatraces. Según la información que recuerdo, este buen hombre desembarcó en nuestras costas en mangas de chaleco, lo que es tanto como afirmar que lo hizo en bocamangas de tanguita, pero merced a su laboriosidad, frugalidad de vida original encaminada al ahorro, sentido empresarial y otras equivalentes virtudes, muy pronto viose dueño de flota anchovetera, la que dirigía y gobernaba por radio desde su mismo yate anclado al costado de El Pingüino Bailarín que daba a la Calle Castilla. Cuando bajaba del vehículo y con las manos en los bolsillos salvaba los pocos pasos hasta la entrada de la cafetería, de haber sido maestro escolar de alguno de los colegios del Callao cariñosamente los alumnos le habrían puesto la chapa de pirinola, petipan, barrilete, trompito o retaco con panza.
Mi cercanía con El Pingüino Bailarín fue mayor desde que el lunes 13 de mayo de 1963 empecé a trabajar en los depósitos de Enrique Ferreyros y Cía. S.A., almacenes que quedaban en la Avenida Industrial, altura de la cuadra 37 de la Argentina. El ómnibus amarillo de la compañía, con su leyenda frontal de CATERPILLAR pintada en negro, esperaba a obreros y empleados al costado de nuestra brevemente biografiada cafetería.
Entre las gratas y cada vez más lejanas evocaciones de aquella época, viene a mi memoria la figura de una chica que trabajaba de cajera en el establecimiento. Ambos, ella y yo habíamos trabado conocimiento y conversación, razón por la que de vez en cuando, cuando sus ocupaciones en El Pingüino Bailarín se lo permitían y aún no era la hora de la partida de nuestro ómnibus, dedicábamos unos momentos para charla de muchachos. Siempre estaba yo con un libro bajo el brazo. En cierta oportunidad, tenía uno pequeño que versaba sobre el pintor holandés van Gogh, y, como Margarita Jiménez, que así se llamaba la niña pingüineña, lo viera, me lo pidió y dejó registrada una dedicatoria, cálido ofrecimiento que por inexperiencia juvenil dejé pasar entonces, con el consiguiente arrepentimiento y pena posteriores. Aquello fue el 08 de marzo de 1965. ... Aquél que hogaño me preguntara que cómo me acuerdo con tanta puntualidad yo le respondería: porque conservo el libro y la dedicatoria con nombre, firma y fecha.
El día de hoy se cumplen justo 47 años de aquel lance personal con Margarita Jiménez, día también que entonces (1965) celebramos el centésimo trigésimo primer aniversario de la promulgación del decreto que ratificaba la declaración hecha la jornada anterior (07 de marzo 1834) por el Presidente del Perú don José Luis Orbegoso y Moncada Galindo (1795-1847), proclamando a nuestro Primer Puerto de Fiel y Generosa Ciudad del Callao, Asilo de las Leyes y de la Libertad. Por el mismo motivo, hoy, jueves 08 de marzo (2012), en Callao Querido solemnizamos recordándolo en estas líneas de crónica personal el aniversario centésimo septuagésimo octavo de tan señalado episodio de nuestra historia.
Edificio construido sobre lo que fuera el Cine Badell y la Fuente de Soda El Pingüino
No recuerdo ya el aciago año en que llegué al Callao y descubrí con aflicción, infinito dolor y pena, que en lugar del Cine Badell y de El Pingüino Bailarín se erigía el horrible y feísimo edificio, ahora abandonado, que se alza en donde estuvieron estas dos instituciones de esparcimiento, cinematográfica la una -Cine Badell-, de encuentro y relaciones la otra - El Pingüino Bailarín-, para solaz, placer y entretenimiento de los chalacos de tan maravillosos tiempos.
Ricardo E. Mateo Durand
Tartu - Estonia
El Callao - Perú
Jueves 08 de marzo de 2012.

Fuente de imágenes:
Revista J.O.P.
Postales F.P.SEMINARIO-LIMA



 
 

3 comentarios:

  1. MUY BONITOS RECUERDOS DE MI NIÑEZ, CLARO EL PINGUINO FUE TODA UNA INSTITUCION EN EL CALLAO,NO RECUERDO BIEN CUANDO LO CERRARON PERO CREO QUE FUE ANTES DE 1970, UNA GRAN PENA, NO TENDRAN UNA FOTO DE LA FACHADA, CON SUS VENTANALES, CREO QUE TENIA MAYOLICA VERDE SI NO ME EQUIVOCO,

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  2. por favor si tuvieras fotos del pimboll bing bang dela av sanz pena te lo agradeceria mucho

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  3. La Plaza Casanave es un lugar referencial en la historia del Callao desde las primeras décadas del siglo XX, su nombre se debe a la labor que desempeñó Ernesto José Casanave Cases en el Callao. Creó y gestó la Ley del 1% hoy Ley del Canon Aduanero, que tanto a beneficiado al Callao, participó en la fundación de la Compañía de Bomebros Uniión Chalaca Nº 1; participó en el Combate del 2 de Mayo de 1866, como corresponsal de guerra del Diario de la Campaña participó y peleó en la Batalla de Miraflores con otros valientes chalacos, sobreviviendo a esa odisea de la defensa de Lima. En junio1910 muere en Tumbes donde se desempeñaba como Prefecto del departamento, su entierro en el Cementerio Baquíjano fue una manifestación multitudinaria, el pueblo chalaco se volcó a las calles para darle el último adiós, como lo testimonia el diario El Comercio de entonces. Gloria a Casanave, Gloria al Callao y Gloria la Perú !!

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