sábado, febrero 4

Narraciones Porteñas - Espigón III

Espigón III



Mis años de experiencia laboral en el Puerto

Luque y la señora Andrea eran una pareja amigos de mis padres que vivían en un callejón en la calle tercera, esto en Chacaritas, junto a la escuelita de las señoritas Zegarra.
Durante las conversaciones de Luque con nosotros nos decía que trabajaba de “punto” en el muelle del Callao; yo a mis 8 años imaginaba que esto era en las bolicheras del muelle de pescadores cerca al barrio del Frigorífico, de gratos recuerdos para mí ya mi padre me llevaba a comprar pescado fresco a las 4 pm y más, cuando mi tío Ángel alguna vez me llevó y por vez primera vi a los buques orinar.
Pasaron 9 largos años. El colegio terminó y tomé la decisión de ser militar. Mamá -le dije-: deseo postular a la Escuela Militar de Chorrillos. Ella me miró y me dijo: hijo el dinero no nos alcanza así que tienes que buscar trabajo.

En uno de aquellos días de verano me puse mi único saco de invierno y fui a solicitar empleo a la Pilsen Callao, empresa en la cual mi padre trabajó y, por derecho, creía que merecía una posición. De mandado hablé con el gerente y simplemente me respondió que por el momento no había nada. Respuesta muy común en el Perú.
En una reunión en la casa de alguien que no recuerdo me dijo la dueña: Mi primo es amigo del amigo del primo de alguien que trabaja en Enapu Perú. Eso sí: me consiguió una solicitud de empleo y la llené con esmero .Ese mismo día la llevé al edificio de Enapu, a la oficina del supuesto jefe de no sé qué.
Mi mecenas sería un marino ya que en aquella época y de acuerdo a la norma vigente laboral del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del General Velasco, los altos cargos en el puerto eran ocupados por marinos. Buenos días, le dije a una dama mayor. Le extendí la mano en señal de educación. Me puso una miradita así, tipo María Félix . Me dejó con la mano extendida y lo único que atinó a decirme fue: ¿Quién le dio a usted la solicitud de empleo?, en un tono muy despectivo.
Me quedé callado por unos segundos y tan solo atiné responderle: vine a entregársela a fulano de tal.
El supuesto susodicho me recibió y por unos minutos dejo las cosas importantes que estaba haciendo y conversamos. Tomó mi resumen; me imagino ahora que lo dio al Departamento de Personal de muy buena fe y el Departamento de Personal de Enapu lo archivó así como el Arca del Alianza al final de la primera serie de Indiana Jones. Me fui contento pensando que iba a trabajar en el puerto porque ése era mi derecho como chalaco; El puerto es de los Chalacos, pensé, y ese “don” de trabajar en él es para los chalacos ( uti possidetis iure chalaco )
Esperé otro tiempo (cuando uno es joven eso casi ni importa) y es así que un familiar me dijo que se iba a crear el Área de Estadística, y que se iban a necesitar dos personas en la Oficina de Trabajo Marítimo; Oficina Operativa de la Comisión Controladora del Trabajo Marítimo.
De 4 personas que fuimos entrevistados dos ingresamos a laborar Mauro Codarlupo y yo.
El primer día de trabajo nuevamente extendí la mano al jefe Sr Velarde y me dijo que no era necesario dar la mano para felicitar; el 3 de abril de 1971.
La OTM se encontraba dentro del área portuaria junto a la Aduana. Era una oficina con muebles antiguos y muchas ventanas pintadas de blanco para que no se vea en interior. En este primer día de trabajo estaba el grupo de la jornada de la mañana ya que como una oficina operativa tenia dos turnos; pude ver un grupo de personas muy mayores, siendo esta mi primera impresión de mis futuros compañeros y maestros. Francisco “Panchón “ Puente y Ítalo Puccio, de la Punta; me saludaron lo mismo José Martínez y un anciano de apellido Sandoval que era el conserje y que era conocido como “cacha rata”, Pedro Ornano y Héctor Logrovich . Este ultimo con un increíble parecido a Bluto el enemigo de Popeye, (ex preso político en el frontón en los días en que el “Negro Tomate” era el faite de la isla).A Logrovich lo conocía de referencia ya que su sobrina vivía en Santa Marina norte, mi barrio.
Guedes (payasito ingles) y Tueros eran los Nombradores de la sala de Estibadores.

El jefe era el señor Gonzáles y su secretario Jacinto Villalba, ése mismo, el gran jugador de fútbol peruano que jugó en la U, Deportivo Caldas de Colombia y en el Racing Club de Argentina, conocido como el "Mono Villalba", gran puntero derecho que se llevaba la pelota en la cola, mi maestro del ajedrez, escritor y compositor del famoso: Santo parao, en el cual hacía alusión a mí diciendo : Pone los turnos al revés y se come los capataces.
Terminada la jornada del día llegó el grupo de la noche al mando del Sr. Aguirre; Manuel Rivera; Meiggs y el “gordito” Barrera.
En días posteriores Ítalo y Panchón Puente me invitaron al Cordano, aquel restaurante desaparecido en la plaza Grau del Callao, a tomar sopa de minestrone caliente con maracuyá bien helado. Sin comentarios los efectos posteriores.
Nuestro jefe de estadística era el señor Pruss "el alemán" (al cual le decían tu eres alemán de Alemania o alemán de m...) famoso por ser un amante de cacería de palomas, perdices y “caga aceites” por las ex chacras del Callao. Las bromas que se le hacia eran que al verlo las palomas huían y gritaban: ahí viene el alemán con sus hijos, quedándose la palomita coja suplicándole que no la matara.
Mi trabajo era sencillo y consistía en poner los turnos de trabajadores marítimos; que según ley debía de ser 26 turnos, sean en las jornadas de día y de noche.
Tras un tiempo en el área de estadística logré una promoción a Inspector de Trabajo Marítimo, conocidos dentro del puerto como Controles. El trabajo, principalmente, consistía en supervisar las labores de los gremios marítimos (nombrarlos, chequearlos que estén en el buque, y solucionar los problemas que se presentaban, y allí estaba el dilema en solucionar los problemas).
Mi jornada empezaba a las 6.00 am. Salía caminando desde la casa de mis padres en Santa Marina Norte, por el Obelisco, hasta la sala de nombradas de estibadores; muchos agremiados iban en bicicleta y hacíamos coloquios para no aburrirnos; ahora comprendo el porqué de las grandes caravanas en los desiertos, las cuales antes de partir se reunían mucha gente para no hacer aburrido el viaje. El asunto de ir temprano era revisar antes los pedidos de las Compañías Navieras con los dirigentes de Estibadores Rafael Amaya(sargento García); Lenin Farfán y, después, con mi gran amigo Juan Leca (peoncito). Errores no eran permitidos ya que las consecuencia del problemas en la distribución de las cuadrillas afectaba en lo económico.
En la sala de nombradas de estibadores trabajé con Carlos Taboada, personaje de ocurrencias que encajaba perfectamente en este ambiente de gente ocurrente y pícara, como los agremiados marítimos.
Carlos a las 07.07 am se paraba al frente de la ventana que tenia la pequeña oficina de nombrada; abría las piernas, agarraba la tabla de nombrada con una numeración del 1 a 1000, tocaba el timbre y decía: “abran la reja y salgan a tomar sol”. Los agremiados le respondían a esto con la misma chacota, casi siempre subida de tono, pero sin malicia y, estoy seguro, que Carlos lo hacía para hacer un poco de ambiente. Yo era risa y risa con esto a mis 19 años. ¿Qué más podía hacer? Muchas veces se ponían a los estibadores que iban a llegar tarde ya que muchos de ellos vivían lejos. Espero que los postulantes a estibador que lean esto acepten mis disculpas; también a ellos se les ponía.
Cuando pasaba la serie de los 700 altos, Carlos paraba la nombrada un rato porque a un estibador de apellido Vega (798), al cual le decían "el Cabezón", los 800 que estaban dentro de la sala a capela entonaban la canción de Huckleberry Hound.
Les exigía, cuando eran nombrados: ¡¡golpeen duro la madera!!; me imagino para que les diera buena suerte.
A los años me enteré que Don Carlos mi gran amigo falleció en el trabajo.
Posteriormente, conocido ya las diferentes salas de nombradas (maniobristas, parihueleros, tarjadores y guardianes); pasé a trabajar como Inspector de Vapores, me gustaba el trabajo ya que soy de las personas que me gusta aprender y me parecía interesante todo este mundo tan dinámico de los buques.
Los gremios marítimos estaban clasificados de acuerdo a su especialidad.
Los primeros en subir a las naves eran los maniobristas, los cuales preparaban el buque para las operaciones de la jornada, que podían ser embarque o descarga: abrían bodegas preparaban maniobra (grúas, pescantes, pluma real).
Las bodegas en aquella época tenían cuadernas en cada entrepuente. Hecha esta operación los estibadores se hacían su parte al embarcar o desembarcar la carga de acuerdo a las instrucciones del Jefe de cubierta; la distribución de las bodegas se hacía de proa a popa.
La composición de las cuadrillas en las naves era: 4 en cubierta y 6 en bodega para una descarga, y, 4 en cubierta y 10 en bodega para embarque; éstas eran las composiciones mínimas.
Los estibadores y postulantes a estibadores eran la mayoría de agremiados, realizaban las actividades de descarga, embarque en tierra, movilización de las mismas en bodegas y descarga hacia lado mar.
Las cuadrillas eran de acuerdo a los pedidos de las Agencias Marítimas que se hacían en la Oficina de Tráfico de Enapu por los Jefes de Cubierta, quienes eran los representantes de las Agencias Marítimas, y que estas estaban condicionadas al Plan de Trabajo de la Nave, y al servicio de materiales que Enapu ofrecía en aquella época. Las operaciones normales y óptimas se podían dar con un promedio de 8 naves y 30 cuadrillas.
Los estibadores ganaban al destajo y esto estaba sujeto a la ubicación de la carga que había en las cubiertas o bodegas de los buques, mientras más pesada la carga más era la ganancia. Este sistema de pago estaba regido por un método de tarifas: carga suelta, líquida, granos, metales, minerales, Huevos de Toro, etc.
La fórmula sería: Ganancia = Tarifa x Cantidad de carga.
Las operaciones con contenedores en los 70s eran mínimas, las cuales se realizaban en los buques tipo Santa de la agencia de Moisés Woll.
Hablar de un puerto con naves de estas características en los 70s era pensar en desplazamiento de personal y, por consecuente, ahorro de tiempo.
Anécdotas muchas, especialmente cuando arribaban el Verdi, Rossini y Donezetti, buques italianos de pasajeros, íbamos con don " Panchón" Puente (primer cantor del Cóndor Pasa en alemán cuando estaba bien mamao en el Café Iris en la Avenida Sáenz Peña, famoso restaurante donde Tueros decía : ¡¡Qué bien preparaban el huevo frito!!. En los buques italianos cambiábamos café por cualquier cosa, pero don “ Panchón “ iba por su libido a sus 76 años; a los otros que no los dejaban subir al buque, se ubicaban debajo de las escalinatas para verles las piernas y algo más a las turistas y tripulantes femeninas.
El acto mas osado que vi fue cuando en un buque japonés de pesca, que no era el famoso buque fantasma japonés “Turaja Maru”, un tripulante nipón se mofó de la calvicie de un estibador conocido como ”Ropa Pato”; éste muy finamente le enseñó al japonés su brazo velludo, su pierna, se bajo el pantalón y le enseñó el trasero, y luego se volteó. El japonés llamó a toda la tripulación porque este caballero era famoso porque cuando misionaba se le subían las hormigas.
Fui llamado un día a un buque porque alguien se había defecado en la bodega y el piloto ordenó cerrarla, y así eran cosas que uno tenía que vivir todos los días. Las broncas que había entre tripulantes y agremiados eran del caracho.
Otros personajes eran los "Sombrerones", los cuales nos rodearon a Telmo Velarde y a mí después de una amanecida, unidos a cientos de agremiados nos cercaron. Defendí a Telmo pensando yo que era el gran orador Cicerón. Telmo sólo cumplió las instrucciones del Jefe de Bahía. Cuando Telmo estaba pasadito de copas siempre lo recordaba con lágrimas en los ojos.
Mi mundo portuario también me seguía a mi vida privada ya que los días domingos jugaba béisbol en el estadio Telmo Carvajo, para el Callao Tigres Club, con mi amigo Andrés Casas, estibador 514, y el burro Aguilar, estibador 686; siempre que iba a batear desde la tribuna alguien me gritaba saquen a ese “pajero”, esto me quitaba la concentración y casi siempre era ponchado; pero en una de ésas hice dos buenas jugadas y al día siguiente se me acercó un estibador y me dijo: Yo soy la persona que siempre te gritaba desde la tribuna vengo a felicitarle por la jugadas. Su apellido es Rojas, su número 324, conocido como "Barriga de Mono".
Apodos de la gente eran muy buenos: Loco Kerosene, Loco la Bandera, Quién Kubru, Judío Negro, Guarapero Huesillo, Pinta Brava.
Yo no me escapaba a esto ya que mi parecido con Cesar Ureta originaba también ciertos comentarios desde las naves, y yo tenía que hacerme el tercio y el sordo porque pobre aquel que se picara, la gente lo batía más. Así, el caso de un tarjador titular al que le decían General Aldo en los días que veíamos el Planeta de los Simios. Cuando entraba a la sala de nombrada todos lo saludaban: ¡Buenos días mi General!. Sin comentarios la respuestas del General, perdón, del tarjador.
Luego ingresaron a la OTM , Hernán Aguilar, Telmo Velarde, Millones, Campos ,Ríos, Serrano, mi hermano Jorge, Chuica, Castillo, Walter del Rosario.
Decidí postular a la Universidad en los 75s e ingresé, no estudié lo que realmente era mi verdadera vocación: Historia sino Economía ... ¿Por qué?: Se adecuaba más al trabajo que realizaba en el puerto. Las clases eran en la noche y esto cambió mi horario de trabajo a día y amanecida ya que en las noches tenía que ir a estudiar. Salía de estas a las 10.30 pm llegaba como a las 12 am al Callao, me bajaba en la avenida Garibaldi o Dos de Mayo . Para aquellos que no son chalacos y para los que lo son este ilustre Italiano que junto con Cavour y Víctor Manuel II, fundadores de la Republica Italiana, vivió en el Callao.
Obligadamente tenía que caminar por los bares llamándome muchas veces las "chicas" para consultas de algún asunto legal a los cuales les decía: Señoritas no tomo licor; y más aún, soy estudiante de Economía y no de Leyes”
Donde las Abandonadas, bar que le daban vida a esta zona, estaban las otras niñas como cariñosamente se les decía a las damas que ahí atendían. La menor tendría unos 60 años, y muchos en el arduo Champ du Bataille.
En las amanecidas Rolando Valle y yo salíamos a tomarnos un café bien cargado (café al hombro como decía Ítalo Puccio), comer algo y luego jugarnos una partidita de ajedrez. Los parroquianos educadamente al vernos tan concentrados se decían: No hagan ruido ya que los Doctores están jugando. Esto en las famosas cantinas de la calle Manco Cápac; allí por donde le robaron el Trinche al Diablo, y no se podía levantar la mirada porque inmediatamente te decían:"Qué me miras S#@&".
Pasamos temblores, terremotos, buques chocar con los Espigones. Los Postulantes a Tarjadores se quisieron defenestrar desde la torre del Templo Faro, solamente lo quisieron. Según acuerdo de ellos, el supuesto que tenía que arrojarse era un agremiado de apellido Cuadrado. Pero no lo hizo. Como todo, en su tiempo los postulantes de todos los gremios se convirtieron en titulares, los “puntos” en postulantes, y el ciclo del puerto continuó .
En los 80s, con la apertura económica de parte del gobierno de Belaunde “era como la obra de Marcel Proust: En busca del Tiempo Perdido.
Por esos meses de Laissez Faire... El puerto de Callao se convirtió en un caos y desorden por la cantidad de trabajo.
Con Mauro Codarlupo fuimos la reunión en tráfico donde se trataba de encontrar una pronta solución a esta coyuntura que se vivía. El nuevo jefe de tráfico apareció con una mirada de asustado. Tenía sentido esta actitud teniendo al frente a jefes de bahía, como el señor Guerra, Ramos, Luchito Díaz , Chest , el Gordo Constantino, Naranjo, Alfredo Tapia ,don Carlos Prada, los cuales eran catedráticos de muchos años de batallar en la "pampa" y conocían bien su trabajo. Me imagino que el puesto del nuevo Jefe de Tráfico era un puesto político, y el caos siguió por un tiempo más.
Rolando Valle, mi gran amigo conocido como el Hombre de Acero; Sociólogo de profesión, era mi pata y tremendo intelectual. Estuvimos trabajando en el mismo grupo y nos hicimos famosos por nuestras ideas revolucionarias. Más aún, cuando Rolando conversaba en la cafetería de don Melquiades Mendoza, el cual siempre me guardaba algo de comida en las noches. Muchas veces los temas que se trataban con la gente eran subidos, pero Rolando era cosa seria con sus ideas. El Callao y los trabajadores portuarios se han caracterizado por ser de una fuerte tendencia aprista.
Fuimos invitados a una reunión a la Femapor, organización de los Sindicato de Trabajadores Portuarios y Marítimos y Agencias Marítimas. Llegamos a ésta y se nos manifestó que se había cancelado porque un dirigente muy importante no podía estar en ella pidiendo disculpas por su ausencia, etc. Simplemente le comenté a Rolando: Otro de los problemas del Perú; sino está tal persona no se puede hacer nada; caudillaje de país bananero y que gracias a Dios en el Perú de hoy el Yoismo se está superando.
Una mañana Rolando, Ravines y yo decidimos conversar con el adjunto a la presidencia de la Comisión Controladora del Trabajo Marítimo. Ese mismo día habíamos terminado un estudio matutino con mi gran amigo Manuel Martínez, estibador y Testigo de Jehová (discrepábamos en muchas temas de la Palabra), faltando a este estudio Juancito, quien era un hermano Pentecostal. En las Iglesias Evangélicas el cristiano perfecto debe de tener: La cabeza de un Bautista, el corazón de un Pentecostal y los pies de un Testigo de Jehová.
Dije inspirado por el Espíritu del Señor, ¡vamos, pues !. El estudio había sido sobre los Hechos de los Apóstoles. Llevé mi Biblia y me imagino que el adjunto a la presidencia de la CCTM pensó que eran Las 5 tesis filosóficas de Mao Tse Tung...
El día lunes me llegó una carta diciéndome muy políticamente informándome que me habían elegido para elaborar El Gran Proyecto de Reactivación de los Puertos del Norte del Perú, y, en especial, el Puerto de Eten, en Chiclayo, aceptando este ostracismo de mala gana. Pienso luego de tantos años que en todo lo que pasa en nuestras vidas Dios tiene un propósito ... y asi fue: en Eten no había buques, pero habían zonas arqueológicas muy interesantes, así que en mi ratos libres me dedicaba a visitarlas y votar a los huaqueros con el rifle de balines del hijo del encargado de la Capitanía de Eten, esto en el 83, cuando la Corriente del Niño afectó esta zona y se destruyó parte de la Panamericana Norte. El Cabotaje Menor se reactivó con pequeñas lanchas pesqueras.
De regreso al Callao había preparado mi Anteproyecto de tesis:“Desarrollo del Cabotaje Menor”. Fui donde mi asesor de tesis y me dijo: interesante, pero no convence. Le manifesté que había observado en mis años de experiencia que Chile tenia una flota de buques que traían frutas y carga congelada (pequeños buques) y que con algo el Perú podía empezar; como admirador de Quesnay el fisiócrata francés, siempre consideré que en algún momento se harían grandes inversiones agrícolas en la costa del Perú, como hizo en los siglos 19 y 20 a los países Sudamericanos de la cuenca del Atlántico, y que en las décadas venideras serían de los de la cuenca del Pacifico.
Debí haberlo hecho Cabotaje a Nivel Pacto Andino, pero no sabía cómo "toquear" al jurado con el Arancel. Coco, otro amigo portuario, me prestó un libro ruso traducido al español, donde el principal estudio eran: Nuevos Métodos de Manipulación de Cargas en los Puertos. Me pareció interesante porque era otro tópico que se podía investigar. En esa semana Yoly, mi esposa, fue invitada a estudiar a los Estados Unidos al Seminario Bautista, yo me opuse totalmente porque deseaba hacer patria y tener mi Agencia Marítima de nombre “Cristo Vive”, y ¡porqué no! Pero los propósitos de Dios eran otros así como al patriarca Abraham.
Estuvimos un año en Miami; el tiempo que duró los estudios de mi esposa, y regresamos al Perú. Muy bonito Miami, La Calle 8 y punto. ¡Hasta nunca!, dije.
Vilma Ulloa, compañera de la Comisión, me ayudó a reincorporarme a ésta, de lo cual estaré muy agradecido.
Por intermedio del Pastor Sergio Rodríguez, mi esposa recibió un contrato de trabajo como Maestra en Miami. Siempre fui partidario que los inmigrantes mueren pero como en la casa mando yo, pero se hace lo que dice ella y tuve que viajar. Mi primera experiencia laboral fue como repartidor de Pizzas en New York Pizza Place con mi amigo “Baba” Alfonse, un haitiano de color, con el cual a las 02.00 de la mañana: repartíamos asustados pizzas en las zonas de Americanos de color, yo le decía: No te asustes , a ti no te van a hacer nada.
En la Iglesia bautista Nazareth teníamos un ministerio con jóvenes y matrimonios en lo que aquí se llama Sunday School Teachers; luego, en la primera Iglesia Bautista de Coral Park, con adolescentes. Esta es una de las mas grandes de Miami, con mas de 7,500 miembros; ahora en Timiami Baptist Church, con una congregación de norteamericanos, donde el mayor tiene 96 años, y el menor, 75. Experiencia igual a mi primer día de trabajo en la Oficina de Trabajo Marítimo.
Lo primero que hice al recibí mi Green Card fue aplicar a una compañía naviera; fui a Goodwill algo así como la Cachina (termino muy portuario), me compré un terno a 10 dólares de marca, creo que era Armani (mi esposa cosió y zurció algunas partes). Tuve mi entrevista de una hora, esta vez con café y galletitas. Me dijo el Jefe de Operaciones para América Latina de la Compañía Naviera: necesito un Controller y usted es la persona indicada. Nunca me llamó. Luego, fui a otra compañía, donde tuve una entrevista con dos alemanes y un belga. Esta fue dura, con mi poco Inglés, francés e italiano aprendido en el Puerto del Callao, especialmente cuando iba a chutear (comer) a los buques. Tampoco me dieron la posición.
Por esas cosas hermosas que Dios hace en nuestras vidas, una hermana de la iglesia me dijo que en su banco había un opening.
Tuve la entrevista con una señora jamaiquina, con un porte muy fino y con un fuerte acento británico, esto en Barclays Bank un Banco Inglés . La dama no sabía que el Perú tenía mar y buques... Ouu ¡Mr. Munoz sorry .
Barclays me pagó los estudios en el College. Lástima que no pagaban cursos de Historia ya que estos tenían que ser relacionados con la Banca Privada. Pero como lo bueno dura poco, los caballeritos ingleses de Barclays dejaron Miami y gracias a nuestro Dios empecé con Royal Bank of Canada, otro Banco Internacional hasta el día de hoy.
Barclays estaba en el piso 17 y Royal Bank of Canada está en el piso 21 del 801 en Brickell Avenue .
Desde mi ventana veo el puerto de Miami todos los días, muchas veces casi vacío o lleno de naves, y esto me hace remontar a la azotea del Block E en Santa Marina Norte, de donde se podía ver los Buques acoderados en el Puerto.
Viajo al Perú casi todos los años y camino por estos lugares que ya no existen. Las salas de nombradas, el edificio del Sindicato de Estibadores en la calle Manco Cápac, construcciones que estuvieron ahí y que tan sólo están en el tiempo y espacio de las personas que lo vivimos. La gente que me recuerdan me saludan. Otros dirán ¿y éste quién es? Y otros me pican.
Se me ha negado como ex trabajador del puerto visitar mi ex centro laboral, diciéndome una voz femenina desde una pequeña ventana no hay pases de visita en un tono tan frío como las amanecidas de julio o agosto; pero ahí está el Puerto del Callao, con sus nuevos personajes y anécdotas en los espigones. Ramos, un estibador que le decían Fray Martín, número 1586, el cual siempre paraba con una sonrisa a flor de boca alguna vez me dijo: Nosotros pasamos pero el Puerto queda.
He entrevistado a jóvenes en este país que por circunstancias de la vida terminaron el colegio y no pueden estudiar momentáneamente una profesión por tener la obligación de trabajar y me he identificado con ellos.
Eso sí: a todos les he dado la mano en señal de respeto y admiración.

Alberto Muñoz Tesson

Sta. Marina Norte

Block E-301/Callao
Miami-Fl. USA

viernes, febrero 3

Narraciones Porteñas - La Carta


LA CARTA

Está escrita sobre una hoja de papel de 25 centímetros de largo por 20.5 ancho. El autor y remitente la había doblado por la mitad y redactó su misiva utilizando la primera y tercera caras resultantes. La segunda y cuarta quedaron en limpio. La primera se encuentra prácticamente llena, casi completa: iniciola con el nombre de la ciudad en cuyo puerto se hallaba acoderado su barco: Vualxan 16 de Junio de 1892. La tercera, sólo en su parte superior, ocupa una mínima porción de la misma, que concluye con su propia firma: Miguel P. A. Cargotihe, siendo obvio que quiso poner Cargotich. Poseo únicamente la carta misma, sin que se preservara el sobre primigenio.



Advierto a los lectores de este documento que me circunscribiré a transcribirlo respetando la grafía original.
La tomé entre mis manos y la observé por el anverso y el reverso. Tal vez cualquier otro la hubiera mirado con indiferencia, como un pedazo de papel viejo, sin importancia, pero no yo que aparte de restaurador de papel a lo largo de tres decenios soy, igualmente, pariente del autor de la misma. Ni la neutralidad, apatía ni desgana cabían en mi espíritu e intelecto. Ni siquiera la simple tibieza. La contemplé tranquila y despaciadamente pero con devoción, con infinita devoción y cariño. La contemplé con inmenso amor. Me la acerqué a la nariz y mis fosas nasales captaron un lejano olor a brisas oceánicas, a hálitos de humedad y hongos, a esencias de algas marinas, a fragancias distantes y cercanas, a perfumes y efluvios del Callao, ésos que se apoderan de los libros, ésos que impregnan sus folios, cuya persistencia pervive entre sus hojas haciendo caso omiso de lugares, espacios y anualidades. Si la hubiera llevado a los labios y hubiese probado no dudo que me habría proporcionado sabores fuliginosos, hollinados o guaneros.
Cogí una lente de aumento. La lupa era un aro que sujetaba cristal de buen espesor. Su abrazadera, de metal bruñido, plateado y refulgente, sostiénese sólidamente fija a un mango negro de plástico acanalado. Era un artefacto compacto, firme y resistente. Lo tomé decididamente con mi mano derecha y lo interpuse entre mis ojos y el papel, operación merced a la cual pude distinguir las letras manuscritas con mayor tamaño y precisión, con la ventaja adicional del chorro considerable de claridad agregada.
Se trataba de papel grueso, no de fibra vegetal extraída de árboles, y menos de reciclado, sino del que por entonces en el último tramo del siglo XlX habitualmente se empleaba, que es el denominado papel de trapo. Era, pues, una hoja con base de pulpa trapera, resistente a los agentes ambientales, al uso y, naturalmente a la acción del tiempo, para el cual antes o después las cosas de la vida quedan relegadas a la desaparición definitiva y al más absoluto olvido.
La cuartilla posee sus bordes enteros, con sólo una pequeña rotura de pocos milímetros. La superficie muéstrase lisa y plana. Unas ligeras arrugas y rugosidades le restaban la tersura que habríamos deseado, pero ello no significaba desventaja ni fealdad puesto que nos facultaba para hacernos cargo de su vetustez. El documento con base de papel, especialmente, como dejamos consignado, de papel de trapo, al igual que las personas, gana respetabilidad con el decurso de los tiempos. Su color era amarronado. Aparte de cierta suciedad, cuya responsabilidad recaía sobre el polvo de los años y frecuente manipulación, y de escasísimas y casi detectables manchas de humedad, podemos afirmar que se hallaba en excelente estado. La miré al traluz y observé sus hebras, los hilos que corrían paralelos, el rayado propio de la fabricación del papel de trapo. Concentré mi mirada en la marca de agua y pude dilucidarla:
LA HELLE FRAN
LINEN
Hago la salvedad que en su centro, como indico, habían colocado el símbolo de la Flor de Lis. La palabra FRAN había quedado inesperadamente fragmentada por la guillotina del fabricante al cortar el pliego o al cortar la resma, debiéndola nosotros completar con CE, lo que nos posibilitaba enterarnos de la frase completa: LA HELLE FRANCE.


Siguiendo el movimiento, espacio y forma de las letras y párrafos, un breve examen grafológico nos arrojó algunos puntos sobre su carácter, temperamento y personalidad. El trazo, pleno, perfil, partes esenciales y secundarias de los signo gráficos nos revelaron a un hombre joven, muy joven, adolescente, como en realidad lo fue Miguel cuando escribió su carta, su última misiva; entusiasmado por la vida, soñador, imaginativo pero también con los pies bien puestos sobre la tierra, en su caso sobre su barco, y éste, sobre el mar.
La destinataria de la carta fue mi bisabuela Margarita Shaw de Cargotich (1860-1903), que, por entonces, quizás, aún no había quedado viuda. Muerto su marido, casose en segundas nupcias con mi bisabuelo Giuseppe Gio Batta Tassara Bruzzo (1852-1940). Gracias a mi abuela paterna y a su hijo, mi padre, la carta simultaneamente vino hasta mí acompañada de la historia del suceso. Reconociendo documentos a la muerte de éste, lo hallé en su archivo personal. La historia que oralmente llegó a mis oídos es como sigue:
Margarita Shaw
Vecino de mi bisabuela Margarita en El Callao fue un capitán de barco mercante, cuyo nombre no ha perdurado hasta nosotros. La nave velera recorría todos los océanos y mares tocando todos los continentes y tierras insulares y, a su retorno, nuestro Capitán venía cargado de inédita experiencias naúticas, de relatos y comentarios referentes a sus lejanas singladuras, episodios que germinaron, echaron raíces y florecieron en la fresca imaginación de mi tío abuelo Miguel. Miguel, seguramente, le trasmitió sus anhelos a su madre Margarita. Margarita reflexionaría, cavilaría, sopesaría los riesgos, pero a las persistentes y reiteradas instancias del hijo optó por darle su consentimiento y conversó con el Capitán, quien tomó al muchacho bajo su cargo.
El espíritu y corazón chalacos nos resultan inconcebibles sin las amplitudes y espacios marinos, incomprensible sin el canje de mercaderías y géneros trasportados sobre las aguas, inadmisible sin intercambio de cultura y relación con las demás civilizaciones. Mirando nuestra realidad bajo esta óptica podemos afirmar que todos los chalacos nacemos potencialmente casados con la mar.
No sabría consignar si la carta fue escrita en el primero o en el segundo viaje, o quizás en uno de número posterior. Sí, que nunca más volvió mi bisabuela a recibir ninguna otra suya. ¿Serían víctimas de alguna tormenta o temporal de verano boreal? ¿En qué latitud y en cuál paralelo ocurriría el desastre? Las noticias fueron que el barco naufragó en alta mar tragándose las aguas a todos sus tripulantes.
En la intimidad de su domicilio de la Calle Montezuma, en la siguiente cuadra contigua del mercado que conocemos como Placita Chica, entre las calles Venezuela y Zepita, acodada al alféizar de su ventana chalaca, mi bisabuela esperó hasta el final el retorno de su vástago. ¿Cuántas lágrimas derramaría en el marco del vano de su ventana? ¿Cuántas veces lloraría estrechando la carta contra su pecho? Ella sabía que se reencontrarían, y no se equivocó: El reencuentro, en efecto, se verificó cuando hubo muerto.
Paso a reproducir el documento. Hago reiterada y expresa constancia que he respetando su grafía original:
Vualxan 16 de Junio de 1892
Qerida Mama
Deseo que ala ora destes goses de mallor salud en reunion de toda la familia, el buque a salidode printsison a Vualxan a xargar madera para londres i despues falmos un puerto despues a nueballor quon quarca de cerosin para gupan la hina i diai a pintisson, nuestrobiace sera dos años despues quisa nosetine seguro a onde balla el buqueba a nueballorc para mudar los quasscos asme el fabor de esquribirme a falnos a qualquierde misia barbarita, no tengas quidadoque llo tesqribire siempre, memorias a ti y a maria un besito i un abraso, memorias a mister Jorge a misia Corina a barbarita a breise a luisita a don guan i a don gose i a protito i a pihin, de ai a fransisco a martines i a parodi, ide ai desde misia melhora i margarita asta el ultimo mo, illo mama deseo mallores felisidades a dios.
Miguel P. A. Cargotihe
A mi tio pedro muhas memorias
Hasta aquí el contenido de la epístola de Miguel Cargotich Shaw. Pero hay algo más: la encontré dentro de un sobre aéreo que mi padre consiguió para protegerla, en cuyo frente mi padre escribió a máquina:
Este sobre contiene una carta escrita en 1892 por mi tío Miguel Cargotich, hermano mayor de mi mamá y quien desapareciera en un naufragio a la edad de los 13 años. Esta es la única carta que se conserva de él y probablemente sea la última que escribió.
Conservarla con mucho cuidado.
E. M. T.
E.M.T. son las iniciales de Elías Mateo Tassara.
Como albacea que me corresponde por derecho propio, por ser descendiente suyo, cumplo con el deseo paterno de conservarla con mucho cuidado, haciéndote partícipe, apreciado lector, de su custodia
Ricardo E. Mateo Durand
Tartu – Estonia
El Callao – Perú
Miércoles 04 de enero de 2012



jueves, febrero 2

Calles y Plazuelas del Callao : Plazuela San Martin


EL CALLAO FUE EL PRIMER PUEBLO QUE ERIGIÓ

 UNA ESTÁTUA AL LIBERTADOR GENERALÍSIMO

 JOSÉ DE SAN MARTÍN




Corresponde al Callao el honor y timbre de orgullo de haber sido el primer pueblo del Perú que honró la memoria del Libertador Generalísimo José de San Martín cuando en el año de 1901 le erigió un monumento en la plaza que lleva su nombre.


La iniciativa correspondió a un núcleo distinguido de jóvenes chalacos que el año 1889 fundaron el extinguido “Comité Patriótico del Callao”. Este comité trabajó con todo entusiasmo y patriotismo por la realización de ese ideal  abriendo una colecta pública con tal objeto.

La inauguración del monumento se efectuó el 31 de Junio de 1901.







El Comité Directivo del “Comité Patriótico del Callao”, que llevó a cabo esa obra, se componía de los siguientes caballeros:
Presidente         :              señor Pedro B. León
Vice-presidente:              señor Remigio B. Silva
Tesorero            :               señor Pablo J. García
Vocales              :               señores Juan Merello y Roberto Mandujano
Secretarios        :               señores Alfredo Baldassari y Manuel A. Varela.

La estatua del Generalísimo José de San Martín fue hecha por el distinguido artista vizconde Agustín de Marazzani, en Lima, en la calle Desaguadero N. 1.

El “Comité Patriótico del Callao” y el artista Marazzani, firmaron una escritura pública por la que estipularon las condiciones en que debía hacerse el monumento, y su costo fue fijado primitivamente en S/.9,500.00, cuya suma fue aumentada en algo más de mil soles con el objeto de ampliarse en dos metros adicionales la altura del mismo.
El artista Marazzani no cumplió con entregar la obra en el plazo estipulado por la escritura pública, solicitando una prórroga que le fue concedida.
Según el primitivo contrato refrendado por escritura pública de 4 de julio de 1900, el monumento debería tener una altura de siete metros cincuenta centímetros, siendo la estatua del General San Martín de dos metros de altura, de bronce florentino. La ampliación de la escritura primitiva, por otra de fecha 30 de octubre del mimo año, fijó que el monumento tuviera dos metros más de altura.


El monumento del Generalísimo San Martín, tiene la siguiente inscripción. En el frente: EL PERÚ ES DESDE ESTE MOMENTO LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE.
En el reverso se lee: EL CALLAO A INICIATIVA DEL COMITÉ PATRIÓTICO, AL FUNDADOR DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL GENERALÍSIMO DON JOSÉ DE SAN MARTÍN. 1900. En las caras laterales los escudos peruano y argentino.

El Concejo Provincial designó en sesión de 7 de junio de 1900 la Plaza del Ovalo para colocar ese monumento, cuyo nombre debía sustituirse por el de San Martín, pero posteriormente se designó la Plaza Independencia y, finalmente, la de la Matriz, donde se inauguró. (El monumento se encuentra en la actualidad en la intersección Marco Polo, hoy de la Prolongación de la Av. Dos de Mayo con la Av. Almirante Grau, antes Buenos Aires).

                                                                                  Ovalo del Callao, Plaza Casanave, en la antigua Calle Lima      

            Plazuela Independencia, en el Real Felipe    
              
Iglesia Matriz con la Plazuela antes de la inauguración del monumento (1870)

A la ceremonia pública de inauguración del monumento al Libertador asistió el presidente de la República señor don Eduardo López de Romaña y Alvizuri. Eran en ese entonces, Prefecto y Alcalde del Callao, los señores Coronel Domingo J. Parra y Claudio J. Wiesse, respectivamente.
Corresponde pues, al Callao, representado por su juventud el orgullo de haber honrado la memoria del Libertador, antes que otro pueblo del Perú.

COMPILADOR:
Marcial Pérez Ponce de León
Paita 187-Callao

Fuente de información:
ü  Diario el Callao – EDICION ESPECIAL DE SUS BODAS DE ORO -  Pag.14, del 02 de Noviembre de 1933
ü  Perú postcard
ü  Archivo Curarrino
ü  Lima la única        






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