domingo, julio 29

Nuestro Editorial por Fiestas Patrias

NUESTRO EDITORIAL POR FIESTAS PATRIAS 2012


Callao Querido Callao Añorado ha superado el medio año de existencia, por lo que convendría recordar algunos conceptos.

En el mundo de las realidades del quehacer humano, dentro de las múltiples disciplinas que la complejidad de la vida diaria ofrece, tanto en el ámbito individual como en el social, existen dos campos insoslayables: la cultura y la política. Ambas son ocupaciones que se entrelazan, se entrecruzan y se entretejen de mil maneras. No es posible estar vivo y evitarlas. Inclusive cuando el individuo haya fallecido, mientras no se le olvide ni se le borre de la memoria, será recordado en relación con sus actitudes y actividades culturales y políticas. Tratándose de pueblos, su estudio cae en las diversas especialidades científicas, materiales e inmateriales, palpables e impalpables, tangibles e intangibles como son la historia, la arqueología, las herramientas de trabajo, la numismática, las costumbres, tradiciones, mitos, la etnografía, las creencias religiosas, la sociología, y una sucesión interminables de etcéteras que nos permiten conocer el pasado, ubicarnos en y explicarnos el presente, y avisorar el futuro.

Dentro de este binomio cultura-política, nos inclinamos por la convicción que la cultura es lo más genérico, lo más lato y lo más universal, y que, la política, con toda su dilatada extensión que querramos darle, y que sin duda la posee, se halla incluida, inserta o incorporada dentro de la vastedad de la cultura, de lo cultural.

Remarcamos: no es posible estar vivo y evitarlas. Pensamos, sin embargo, que cada uno de nosotros, en usufructo de su propia libertad, puede practicar, insistir, reiterar, porfiar o perseverar en una u otra, si así lo desea. Esto, como individualidades. Igual sucede con los órganos masivos de comunicación, que dependen de sus estatutos, reglamentos, ordenanzas o cartas constitutivas y, en última instancia, de la voluntad, acuerdo y/o consenso de sus asociados para imprimirle una u otra línea, o sea la que mejor responde con sus perspertivas personales y sus ideales de grupo.

La política es una disciplina de relación entre clases, capas y grupos socio-económicos, y por ello mismo se materializa estableciendo aliados y adversarios. Una vez delimitado el campo, natural y espontáneamente surgen partidarios y oponentes, apoyadores y contrincantes. Ello ocurre así porque los políticos y los partidos se alían en función a expectativas de intereses económicos y de poder concretos, en función a beneficios de clases, de capas, de grupos, hasta de personas individuales y de familias. Sin desmerecer en absoluto la alta opinión que tenemos de la política -sobre todo de aquella que se inclina por la justicia social, por la justicia distributiva, por la democracia y por las libertades individuales y ciudadanas-, ésta, la política, suele más separar que unir; desunir más que reunir; más segregar que congregar. De acuerdo a la práctica en que se desenvuelven la política y los políticos, repetimos, la una y los otros enfocan primeramente sus tareas a la consecusión de réditos personales, familiares y grupales o clasistas. Lo material-personal y personal-material se hallan a la orden del día. En política se hace para recibir, se actua para ganar, para beneficio propio y del sector relacionado directamente con el político o con su abanderado y adalid.

En lo cultural (sin descartar posibles enfoques egoistas, de los que nadie está libre), la figura es diferente, y hasta podríamos afirmar que diametralmente opuesta: la entrega se realiza sin pedir nada a cambio, sin ambiciones egoistas, sin codicias; sin buscar nada salvo el goce íntimo de colaborar con la personalidad, identidad, carácter e idiosincrasia de lo nuestro y difundirlos para perennnización de nuestra manera de ser y personalidad como pueblo.

En el caso particular de un canal o medio de información nacido para la relación entre las personas, fundamentalmente las originarias y naturales del Primer Puerto de la República del Perú, como es Callao Querido Callao Añorado -sin exclusión de los demás connacionales-, configurado para la interrelación y correspondencia armónica entre chalacos; para hurgar y escarbar nuestros orígenes y sacarlos a la luz del día; para fomento y promoción de la formación, instrucción, ilustración de todos nosotros; para búsqueda y encuentro de nuestros hontanares de nuestra procedencia, y atesorarlos en la hacienda de nuestra riqueza interior; para prosperar en nuestra interioridad y acrecentar la sabiduría y el mundo espiritual y demás virtudes que emanan de la armonía, de la tolerancia y de la fraternidad, o sea para proteger solidariamente nuestra memoria ciudadana, chalaca, alentarla y estimularla culturalmente, reiteramos, se fundó Callao Querido Callao Añorado, que se halla al servicio de todos los chalacos, y no sólo de ellos.

Bajo esta perspectiva, Callao Querido Callao Añorado aspira a inducir en la búsqueda de la cepa y raíces de cada uno de nosotros y de su relación con El Callao, animando a la práctica de la redacción de memorias, crónicas, reseñas, artículos; alentando recuerdos, remembranzas, reminiscencias, evocaciones o lo que mejor le ayude a cada uno para expresarse. Callao Querido Callao Añorado no impone marcos, ya que ellos -los marcos- presuponen limitar el terreno, circunscribirlo dentro de fronteras exactas, rígidas. Sí sugiere coordenadas o ejes abiertos que cada uno de nosotros puede optar con entera libertad, y actuar con la correspondiente responsabilidad que la libertad trae consigo. Bajo esta perspectiva, Callao Querido Callao Añorado está presto para quien lo desee. Así, prosperaremos espiritualmente, sin sectarismo alguno, tarea para la que todos sin excepción están invitados y convocados.


Los Editores de Callao Querido Callao Añorado

El Callao, sábado 28 de julio de 2012

Centésimo nonagésimo primer aniversario de la Independencia del Perú

viernes, julio 20

Narraciones Porteñas : Ingreso al colegio


INGRESO AL COLEGIO

Se  habían levantado muy temprano y se sentaron a desayunar. Era un día de Otoño, normal, de esos feos, grises, fríos. Después de un buen desayuno se dirigían rumbo al Colegio Militar Leoncio Prado, en ese momento no sólo uno de los primeros colegios del Perú, sino el primero. Sí, su hijo había tenido el privilegio de ser uno de los ingresantes: luego de un riguroso examen de admisión había logrado el puntaje necesario y convertido en cadete del CMLP.
                                                       Vista panorámica del Colegio Militar Leoncio Prado, teniendo al fondo
 La Mar Brava
Rafael tenía una bonita casa, manejaba su carro del año, producto de su esfuerzo a través de muchos años de sacrificio; desde muy niño había consagrado toda su vida al trabajo y progreso desempeñando múltiples labores: albañil, pintor, agricultor, pescador, hasta convertirse en próspero comerciante. Casualmente su experiencia en este rubro había determinado su lugar de residencia, aunque limeño de “pura cepa”, afincó en el Callao desde muy joven, se casó con una chalaca, sus hijos eran chalacos, al final de cuentas era un chalaco de verdad, chalaco de corazón. Recordó  algunos momentos de su niñez mientras manejaba y tomaba ya la Avenida Santa Rosa; luego, por La Costanera y enrumbó hacia el Colegio Militar. Al costado iba su esposa, y atrás, su hijo, el cadete. Rememoró su época de privaciones, justo cuando tenía quizás la misma edad del vástago, época que marcó su vida para siempre. Evocó con tristeza un lamentable hecho familiar  que jamás pudo olvidar; lo recordó con tristeza, pero con la satisfacción de que se había impuesto al infortunio y había triunfado en la vida, con eso que algunos llaman tener los pantalones bien puestos. Atrás quedaron las privaciones. Tenía como meta darle a sus hijos la herramienta con que enfrentarse a la vida misma: buena educación. Era por este motivo que había hecho un gran esfuerzo adicional para darle a su “pequeño” el privilegio de ser uno de los nuevos alumnos del CMLP.
Rafael iba muy orgulloso y triste a la vez. Se separaba de su hijo, pero sabía que lo dejaba en buenas manos. Además, la decisión había sido del muchacho, y  él, como padre, lo había apoyado en todo momento porque sabía que vendrían instantes duros en su vida, mas confiaba plenamente que, tal como él antaño, su hijo superaría  las circunstancias más duras y difíciles que vinieran al someterse a un régimen castrense, propio de la institución a la que dignamente había ingresado.
Recién pintado, para recibir a los nuevos cadetes, el CMLP lucía impecable. Aunque hacía frío, la  multitud que acompañaba a los muchachos ingresantes les daba un cálido momento: hijos, padres, hermanos, tíos, abuelos, despedían a los muchachos, adolescentes y niños ellos, con la ilusión de ser integrantes del  mejor Colegio del Perú. Estaban reunidos allí -el 17 de Abril de 1967- las 486 almas que conformarían la XXIV promoción, número que se convertiría en blasón durante toda su vida; un simple número que se adjuntaría su propio nombre y al que nunca jamás renunciarían: el número de su querida promoción.
En un momento dado solicitaron a los padres despedirse de los hijos. A una orden salieron todos, padres e hijos hacia la Av. Costanera, y a manera muy propia de la institución éstos harían su ingreso de nuevo, desfilando  marcialmente al compás de una banda del Ejército. Allí marcharían muchos, desconocidos entre ellos, pero que a través del tiempo se convertirían en lo que la tradición misma del Colegio se encargaría de hacer silenciosamente: gran hermandad, irrompible, indestructible, con gran amor fraternal, ese amor fraternal que los convertiría en verdaderos hermanos,  tal como la flor de lis que llevarían bordada en su uniforme, que alguna vez escuchamos tenía el gran significado  de hermanos por siempre.
De pronto una voz retumbó en los oídos de los presentes: era una voz militar ordenando a los nuevos cadetes ponerse en formación. Se escuchaba imponente, curtida en los avatares de su profesión: era la de un suboficial, el mismo al que luego conocerían con el cariñoso sobrenombre de El Coyote la que ordenaba :
¡¡¡Bataiónnnnnnnnn... Atesaaaauuuuuuuuuuu….!!!
¡¡¡E’casuuuuuuuuuu … Aauuuuuuuuuuuu … iiir’rmessssssssss !!!
¡¡¡Nadie se muevaaaaaa…!!!
El batallón de cadetes, tratando de agruparse siguió la orden.
En el acto, y al paso ligero, se dirigió al grupo de Oficiales comandados por el Coronel-Director, dando parte y pidiendo permiso para desfilar. Seguidamente ordenó de nuevo:
¡¡¡Bataiónnnnnnnnn ... Atesaaaauuuuuuuuuuuuuu…!!!
¡¡¡E’casuuuuuuuuuu … Auuuuuuuuuuuuuuuu...!!!
¡¡¡E’frenteeeeeeeeee … Arrrrchhhhhhhhhh...!!!
Los cadetes empezaron el desfile hacia el interior del Colegio, mientras los familiares apostados afuera de éste  los veían ingresar marchando marcialmente; aplaudían emocionados y orgullosos. La marcha militar que acompañaba el paso de los muchachos hacía de ese momento uno muy especial porque lo recordarían toda su existencia.
Al final de la ceremonia, una a una las familias asistentes al evento fueron enrumbando, dejando atrás la imponente figura del Colegio Militar, centro de estudios, que desde ese instante se hacía cargo de la formación de sus hijos.
Ellos, a su vez, ya en el interior, marchaban al paso de la banda militar, con el pecho henchido de emoción, con la frente en alto,  cada uno con la satisfacción de ser un caballero-cadete  del CMLP. Desde ese momento formaban parte de la historia del Colegio Militar, y, a su vez, el Colegio Militar entraría en sus vidas para no dejarlos jamás: a través de sus estamentos el Colegio se convertiría en guía de sus propias ilusiones,  formándolos para enfrentar la vida misma, haciendo de ellos hombres de bien, cimentando en sus mentes las grandes virtudes que caracterizan al leonciopradino. Desde ese momento formaban parte de una nueva promoción, que cual sello imborrable se grabaría en sus mentes por el resto de su existencia. Era el sello que se adjuntaría a su propio nombre:
“LA XXIV PROMOCIÓN”
Verja y patio de entrada al Colegio Militar Leoncio Prado, contiguos a la Av. Costanera
¡¡¡Ounnn,... Ossssss !!!
¡¡¡Ounnn,... Ossssss …!!! -arengaba el Coyote-.
¡¡¡Marqueeel paso,… Archhhhhhhh...!!!
¡¡¡E’frenteeeeeeeeee,… Arrrrchhhhhhhhhh...!!!
Trataban de seguir la marcha militar. El paso reflejaba su poca experiencia. Atrás quedaban los engreimientos de mamá, las peleas inocentes con los hermanos. Poco a poco la férrea disciplina inculcaría en sus mentes el cumplimiento del deber, y grabaría en su personalidad el sello inconfundible del lema que los caracterizaría de por vida:
“Disciplina , Moralidad y Trabajo”
A través de los años la promoción, a la que tanto querrían en el futuro, serviría de base para formar un bloque humano de grandes virtudes, de caballerosidad, lealtad, y, sobre todo, que nos daría derecho a decir sin temor a equivocarnos:
“El tiempo cambia muchas cosas, pero jamás podrá cambiar el recuerdo de los momentos felices de la vida… El tiempo cambia muchas veces a las personas, pero jamás podrá cambiar el inmenso amor fraternal que enciende nuestras almas, como azul hoguera..”
El niño Rafael…..
Era realmente un niño al que sin embargo, la necesidad y la vida le habían exigido un gran esfuerzo adicional. Dejó la casa paterna para emigrar a provincias, con unas pocas pertenencias, pero con una ilusión enorme, además de poseer un gran corazón. Trabajaría  durísimo para ayudar a su familia numerosa, y lo había hecho con creces: había reunido algún dinerito. Después de algunos meses optó por regresar a casa. No había comunicación directa con su familia, sólo alguna que otra carta, muy esporádicas, pero que en su momento le indicaron que era la ocasión de regresar. Tomó la decisión  y se embarcó rumbo al hogar paterno.
El viaje le parecía una eternidad. Tal vez la ilusión de ver a su familia nuevamente motivaba esos momentos de angustia que algunas veces sentía. Su carácter  tan vehemente colaboraba en esta situación, sin embargo sabía dominarse. Trató de dormir un poco,... Al fin y al cabo de todas maneras llegaría, y lo que más deseaba era ver a su madre, a la que había dejado algo delicada de salud, esperanzado que a su regreso las cosas anduvieran mejor por casa.
Arribó a la capital. Nadie sabía de su llegada. Se dirigió al paradero de los viejos y tradicionales tranvías que lo llevarían de vuelta al  hogar, y tomó el primero que pasó, en pocos minutos estarían todos juntos.
Era una casa  grande, de esas antiguas, que formaban parte de la Lima Colonial en el legendario barrio de Mercedarias, con grandes cuartos, una gran cocina; un inmueble donde vivían cómodamente. La puerta estaba abierta. Ingresó y se dirigió al interior:
¡¡¡Hey… ya llegué … aquí estoy…!!!” -gritó-. Nadie respondió. Al cabo de algunos segundos su  padre salió a recibirlo, lo abrazó con fuerza, con mucha fuerza. Algo andaba mal, pero no se atrevió a preguntar. Se dirigió al cuarto de su madre, con voz temblorosa pregunto : ¿Mamá…?, ¿mamá…?
Nunca tuvo respuesta, y tampoco nunca la tendría. Su querida mamita ya no estaba, y no regresaría jamás: se había marchado para siempre,... Sí: ¡para siempre!
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Hugo Pazos

jueves, julio 5

Calles y Plazuelas del Callao : Monumento al Almirante don Miguel Grau Seminario


El Monumento al Almirante
don Miguel Grau Seminario
Plazuela Grau del Callao 1902

El Callao tuvo el privilegio de ser el primer pueblo del Perú que honrará públicamente a Miguel Grau, erigiéndole un monumento. El 21 de Noviembre de 1897, el Presidente de la República, señor don Nicolás de Piérola, descorría el velo del Monumento al Héroe de Angamos y a sus heroicos subordinados. Ese acontecimiento conmovió profundamente el sentimiento patriótico de todo el país, que se hizo representar en la ceremonia desde sus más apartadas regiones. La Nación demostraba en el bronce, en el mármol y en el granito un pálido reflejo de su inmensa gratitud al Hombre singular que con un puñado de valientes  realizara en el Mar Pacífico proezas guerreras no igualadas, y que tuvieron como epílogo el épico        Combate del 8 de Octubre de 1879, en Angamos, que si fue nefasto para la conducción de las operaciones militares en la guerra con Chile, sirvió para inmortalizar por siempre en el Libro de la Historia, un nombre: Miguel Grau; una nave: “Huáscar”, una Nación: el Perú.

El Monitor “Huáscar” (1903)
En la Marina de Guerra de las Naciones del Mundo, el nombre del Monitor Huáscar es símbolo de destreza, de generosidad, de enseñanza y de arrojo. Los marinos de calidad de todos los mares reconocen que el Héroe infundió un espíritu al timón de su nave legendaria –que parece arrancada de la leyenda-, con un reducido grupo de aguerridos oficiales y tripulantes que se dieron en corazón y vida a su preclaro Jefe, quien, a su vez, se había entregado por completo al honor de su Bandera y de su Patria.

Sobrevivientes del Monitor “Huáscar” (1919)
La erección del monumento a Grau fue acordada en sesión del 13 de enero de 1891 en el Consejo Provincial del Callao, presidido por un eminente patriota el Doctor Hermógenes Maúrtua, quien solicitó y obtuvo, con el auspicio de la Municipalidad capitalina, los fondos de la colecta popular iniciada por los señores Peter Bacigalupo y Cía., que sirvieron de base a tan loable iniciativa. El Decreto Supremo de 12 de octubre de 1891 señalaba la ahora llamada Plaza Grau del Callao (antes Plazuela Constitución), como el lugar apropiado para levantarlo. Se recibieron donativos, se solicitaron erogaciones, y con la protección del Gobierno y el Congreso se orientaron las gestiones para que fuera realidad el vivo anhelo de la voluntad popular: el Monumento a Grau.
Plazuela Constitución del Callao

 
Resueltos los trámites del caso, se encargó de la contratación y la construcción al Ministro Plenipotenciario del Perú en Italia señor don José F. Canevaro, quien remitió el 30 de Junio de 1892 tres proyectos de los escultores señores Maccagnani, Bartolini y Laforet, aprobándose el proyecto del escultor señor Bartolini, previo el informe del arquitecto de la provincia, señor Jacobo López de Castilla. Los cadetes de la Escuela Naval de entonces, Remigio B. Silva, Ernesto Caballero y Lastres, Jorge Miota, Fausto Gastañeta y Carlos Caballero y Lastres, expresaron su júbilo patriótico a nombre de sus compañeros de aulas. Pasaron los años y se sucedieron magníficos alcaldes, como los señores Carlos Mackehenie  y Jorge Sharpe, hasta que asume la Alcaldía en buena hora el señor Faustino G Piaggio, quien, de hecho soluciona las dificultades económicas que se presentaban para la inauguración del monumento, y, en armonía con las disposiciones del Gobierno, señala la fecha del domingo 14 de noviembre de 1897. Sin embargo, inconvenientes de último momento postergan la ceremonia al domingo 21 de noviembre. Los Directores de las Escuelas Municipales, a pedido de la Inspección de Instrucción, designaron a cinco alumnos por Escuela para ensayar el Himno Nacional bajo la batuta del profesor señor Perret. En las Escuelas se preparaban los colegiales para cantar el himno a Grau, dedicado a la Corporación Municipal por su autor el señor don Federico Núñez del Prado.  El sábado 20 de noviembre a las 9.00 de la noche, se efectuó la velada musical, de rigurosa etiqueta en el salón municipal en la Plaza de la Independencia, que hacía esquina con la calle de Paz Soldán, al mismo tiempo que en la Plaza daba retreta la banda de músicos aficionados de la Compañía de Bomberos Italia.
Local de la Municipalidad del Callao en la esquina de la Calle Paz Soldán con la Calle Lima (1897)

En la puerta contigua al salón de la actuación, las señoritas Rosa Albina Palacio, Victoria Suito, Elvira Bedoya, María Giraldi, María Isabel y Albina Pérez Albela, recibían las ofrendas voluntarias para la Junta Patriótica, obsequiando a los participantes medallas conmemorativas de tan digno evento.
Las alumnas de los colegios que recogieron los
óbolos patrióticos para el monumento de don Miguel Grau

Al descorrerse el telón, un grupo de caballeros limeños dirigidos por el maestro Rebagliati entonó el Himno Nacional, y, a nombre de la Provincia, a continuación usó de la palabra el Capitán de Navío señor don Gregorio Casanova. Representando al Ateneo de Lima habló el señor J. Guillermo Romero. Después de una pieza musical cantada por la señorita Angélica García, apareció en escena el niño Héctor Cabral, que, con singular maestría, ejecutó en violín una fantasía sobre motivos de la ópera “Guillermo Tell”. El tenor señor Russo entonó una romanza, y pronunció un discurso el señor don Santiago Dávila, ejecutando en seguida a cuatro manos el vals “Radiausse” las señoritas María Valdivieso y Gabriela Grellaud. Obtuvo éxito notable la “Estudiantina Chalaca”, compuesta por la señora Edelmira de Bolaños, señorita Cristina y Adriana Elguera, Isabel Oliva, Celia y Pía Piaggio, Victoria Bohoman, Leonor Ruillón, Eglautina Bravo y Gianinna Cassistro. A nombre de la Beneficencia de Arica habló el señor Julio Jiménez. Luego, la niña Dina Toso, del “Liceo Grau”, recitó una composición patriótica, y la niña Graciela Pérez Egaña, acompañada al piano por los maestros Bazán  y Galván, ejecutó una fantasía en mandolina. La señorita Crisálida Caballero cantó trozos de la ópera “Hernani” siendo acompañada por orquesta formada por los aficionados señores Krüger, Agnoli, Derteano, Fernández y Perret. El Poeta Teobaldo Elías Corpanchi declamó su canto épico “La Odisea de Grau”, terminando la velada con el discurso del señor don Faustino Pazos Varela. Bajo estos auspicios, en la víspera El Callao reflejaba ostensiblemente su entusiasmo cívico, y estaba de fiesta, vibrando de fervor patriótico.
Medalla conmemorativa de la inauguración del Monumento
 al Almirante don Miguel Grau Seminario en 1897

El domingo 21 de noviembre (siete días después de la programación original de inauguración), a las 3.30 de la tarde llegó al Callao el Presidente de la República señor don Nicolás de Piérola, estando acompañado del Presidente del Senado señor don Manuel Candamo y de cuanto más encumbrado tenía Lima por entonces. La Plaza Grau presentaba un aspecto deslumbrante, adornada de banderas, guirnaldas y tabladillo engalanados. De la capital se habían trasladado al Puerto más de diez mil personas. Todo el Perú hallábase presente con el pensamiento. En medio de un silencio impresionante, el Presidente señor de Piérola descorrió el velo del monumento a las 3.45, mientras los buques de la escuadra y la batería de saludos en el Real Felipe disparaban salvas de 21 cañonazos y se entonaba el Himno Nacional. A continuación se pronunció un emotivo discurso. Acto seguido, hicieron uso de la Palabra el Alcalde del Callao señor don Faustino G. Piaggio, el Prefecto del Callao Coronel Domingo J. Parra, y el Ministro de Guerra y Marina señor don Benjamín Puente. Cerró la ceremonia el señor J. Petit, quien entregó al Alcalde una bandera que perteneció al “Huáscar”, y que fuera obsequiada a su señor padre en Iquique como agradecimiento por la cooperación que había prestado a los tripulantes del glorioso Monitor. El Presidente abrazó a los hijos del Héroe y a los sobrevivientes, y repartió medallas conmemorativas. Se dirigió en seguida a la Prefectura, desde cuyos balcones presenció el desfile militar que estuvo al mando del Jefe de la Línea, Coronel Rosa Gil, retornando a Palacio de Gobierno en Lima.
Inauguración del Monumento al Almirante don Miguel Grau Seminario (1897)


Las hermandades religiosas también estuvieron presentes en tan magna ceremonia

 
La sociedad y el pueblo chalaco acordaron testimoniar su agradecimiento al Concejo por su reciente éxito patriótico con un baile y cena así como con el otorgamiento de una medalla de oro al Alcalde. El agasajo se llevó a cabo en el salón municipal a las 10 de la noche del viernes 24 de Diciembre, y el Doctor Ricardo Goyburu, a nombre del Callao y de la comisión que presidía, compuesta por los señores Francisco Valdivieso, Carlos Roe, José S. Gamero, Germán Miranda, Manuel Chamot. J. Miro Quesada y Genaro Meléndez, comenzó diciendo en su discurso:  “Al pueblo del Callao, que tantas virtudes tiene, no podía faltarle la gratitud”, haciendo entrega al Alcalde señor Faustino G. Piaggio de una medalla de oro en forma de cruz de malta, trabajada por el artífice chalaco señor Florentino Vinces, que llevaba la inscripción en el anverso: “Los vecinos del Callao”, y en el reverso: “1897. A su Alcalde Señor Faustino G. Piaggio”. El Alcalde contestó emocionado y agradecido a nombre del Concejo por el honor que la sociedad le brindaba, “en esta Tierra que consideraba su segunda Patria”. Terminada que hubo la ceremonia se dio comienzo al baile, sirviéndose la cena a las 03.00 de la mañana. Cuando sonó el cañonazo de las 05.00 llegó también el momento de la despedida general.
Discursos de las personalidades invitadas (1897)
La conmemoración anual del 8 de octubre reunió posteriormente a personas adultas hasta el año 1902, que alcanza un nivel educacional superior. En efecto, un Colegio, un gran Colegio, el “Instituto Chalaco”, fundado el año de 1902 por los Doctores Horacio H. Urteaga y Augusto Cazorla, por iniciativa de este último, fue el primero que tuvo la feliz idea de concurrir en formación al monumento a Grau, a fin que la juventud, mejor dicho los niños de la mencionado escuela, acompañados por delegaciones de estudiantes de los Colegios de Lima y del Callao, depositaran al pie de esa Columna el homenaje de su respeto, de su veneración y de su recuerdo.

Sede Institucional del "Instituto Chalaco" en la Calle Lima cuadra 2


Alumnos del "Instituto Chalaco" en  su sede Institucional

Alumnos del Instituto Chalaco en ceremonias posteriores a la Inauguración

Los niños tuvieron entonces una nueva enseñanza objetiva en sus tiernos corazones cuando por vez primera también los alumnos de instrucción media Jesús Felipe Martínez, Constantino Dodero, Fortunato Corzano, y Pedro Arriz colocaron al pie del Monumento una corona de siemprevivas, y un maestro designado al afecto entre el grupo de Arturo Miranda, Mario Urteaga, A. Zevallos Palmer, Daniel Castillo, Carlos Pezet, Emilio Vidal, Esteban Uceda, Gonzalo Herrera, Francisco Rivas, Andrés Zúñiga o José Valega pronunció una bella oración patriótica en memoria de esos ilustres marinos que se inspiraron en servir a la Patria y murieron por ella. No hemos olvidado estas lecciones que recibimos en el “Instituto Chalaco”. No las olvidaremos jamás. Pertenecemos a esas generaciones que se agrupaban para oír casi sin respirar el relato de los diversos pasajes de la guerra con Chile.
Sobrevivientes del Monitor “Huáscar”

Para nosotros significaba un honor y nos honra estrechar la mano de un Medina o de un Colán, marineros del “Huáscar”, quienes, como la mayoría de los tripulantes del glorioso Monitor, se radicaron en El Callao, trabajando como fleteros. Quienes concurríamos como colegiales el 8 de octubre a rendir pleitesía a don Miguel Grau, quedamos allí como transportados, viendo en nuestra imaginación al gallardo, débil y mal armado Monitor, navegando por la costa o mar adentro, capturando buques, arribando a puertos enemigos indefensos sin dañarlos, salvando náufragos, sembrando el terror al enemigo al sólo nombrársele, e izando al tope la Bandera Bicolor hecha girones en el fragor del Combate, entre el hacinamiento de hierros, maderos y despojos humanos, mientras el Héroe Máximo en su puesto de comando, con un puñado de hombres de honor a sus órdenes, legaba a la posteridad como epopeya americana la estela imborrable que grabará buque de guerra alguno.

Grumete Alberto Medina Cecilia

Desfile en la primera romería con los sobrevivientes del "Huáscar" en el Callao en 1908

Sobrevivientes del  Monitor “Huáscar” en ceremonia (1908)
Egregia figura la del Almirante Grau, el marino sin tacha y sin miedo, cuya silueta nos parecía ver erguida sobre su puesto de combate en el  “Huáscar”, donde aún permanece, donde se hallará siempre en espíritu, cualquiera que sea el buque que lleve su nombre inmortal, cualquiera que sea la bandera que flamee en su palo mayor, quien quiera que sea el marino que lo comande, por larguísimos que sean los años que la tierra gire en el Universo.

Almirante don Miguel Grau Seminario
Así con los ojos de alma, mirábamos al Huáscar, a Grau, a sus compañeros, como debieron haberlo visto nuestros comprovincianos aquella mañana del 6 de julio de 1879, cuando la nave fantasma abandonando la rada del Callao, se perdía con nuestras esperanzas tras la curva del horizonte marino, para reaparecer el 8 de octubre de 1879, ya iluminada por los resplandores de la Fama y coronada por los laureles de la Gloria!!
Fuente:
Genio y figura del Callao / Nestor Gambetta Bonnati – Callao 1967

 









miércoles, junio 27

Narraciones Porteñas : La Señora de las peras


LA SEÑORA DE LAS PERAS

Ese día almorzamos temprano. Sin que fuese fiesta de guardar nos pusimos la dominguera ropa de visitas, y con mi madre nos fuimos a tomar el eléctrico al paradero que quedaba en la segunda cuadra de la Calle Lima, la que hace esquina con Washington, junto a la librería del señor Manrique. Hicimos el traqueteo por espacio de tres cuartos hora hasta que hubimos llegado a la Plaza Dos de Mayo donde efectuamos el transbordo al urbanito. Salvando el viaducto de piedra maciza que se halla detrás del Palacio Presidencial, vecino a Desamparados, sobre el cauce del Rímac, que traía escasa corriente, nos trasladamos hasta Abajo el Puente. La tarde era soleada, radiante, pero tibia, con discreto calor. Una atmósfera de alegría extendíase por el ambiente plácido que irradiaba la ciudad.
 Calle Lima tercera cuadra

Plaza 2 de Mayo, Lima
Debo reconocer que no recuerdo el nombre de la calle de nuestro destino, sólo sé que era muy limpia y tranquila, con ese sosiego y orden que aún detentaba Lima antes de la masiva inmigración que experimentó pocos años después y que dura hasta los tiempos que corren.

Tocamos la puerta del domicilio de la dama madura a la que fuimos a saludar, y ella nos abrió sonriente, con gesto de disfrute por ver nuevamente a mi madre y por vernos a nosotros, a quienes sólo nos conocía de oídas. Busco su nombre en las fichas mentales, en el archivo de mis recovecos cerebrales más ocultos, y surge uno con ciertas remembranzas de emperatriz austríaca ... ¿Sería María Luisa? ... María Luisa ... Sí: ¡María Luisa! ... ¡Bonito nombre de mujer!
La señora doña María Luisa era una dama reposada, serena, de finos modales, de semblante agraciado, que debió ser hermosísimo en sus mocedades. Un moño a la antigua le coronaba la cabeza, atravesado éste por espadilla de marfil. Llevaba vestido de organdí, vaporoso, tenue, incorpóreo: visualizándolo a la distancia diría que también con suaves estampados florales, de apagado multicolor, que realzaban el clima de satisfacción que reinaba ese día, en ese feliz hogar y en su propia persona. Se abrazó con mi madre para luego, expresándonos palabras cariñosas y afables, estrecharnos también a nosotros y presentarse. Nos dijo su nombre, el mismo que ya revelé. Para lo sucesivo, empero, manifiesto que tan sólo emplearé el apelativo con que la rebautizamos, y con el que desde esa ocasión siempre ha venido a mi memoria.
La dama nos invitó a pasar. Lo primero que vimos fue el largo corredor sin techo a cuyos costados se repartían las diferentes habitaciones de la casona. Ingresamos a la primera de ellas, que era la sala de estar: espaciosa, vasta, holgada, con muebles de madera de cedro de Nicaragua, que en nuestros actuales tiempos bien pudieran figurar en costosas tiendas de nobles antigüedades.
La conversación de la dama y mi madre se remontó a épocas idas, lejanas, distantes para mí, discurriendo por los tiempos en que mi progenitora fue niña, y mujer ya casada en matrimonio bien avenido la dueña del hogar en que estábamos, pero sin hijos. Ambas hicieron repaso de conocidos, de tales y cuales renombrados individuos y familias, y de circunstancias que les tocó vivir, episodios cada vez más relegados a pretéritos tiempos verbales, imperfectos, potenciales y subjuntivos, de vetustos pretéritos pluscuamperfectos y anteriores.
Mientras el intercambio de recuerdos tenía lugar, la dama nos obsequiaba con peras dispuestas en un frutero ovalado de porcelana azul y blanca, como también con otras diversas exquisiteces de su huerto, que junto al frutero contenía canastillo con variedades provenientes del mismo. Después, como iniciando recreo, nos pidió que viéramos sus sembríos caseros. Así, llegado el momento, nos levantamos y en su compañía transitamos por el largo corredor que ya mencioné, al final del cual, traspuestas algunas dilatadas habitaciones descubríase el amplio vergel con innumerables árboles y abundantes flores, como por entonces todavía poseían no pocas casas de la antigua Lima. Nos habló de lo que allí crecía, del abono empleado, de cómo ella regaba y cultivaba, del rocío de los amaneceres invernales, de los gratificantes meses de cosecha. Percatándose que sus peras de agua nos había encantado, llenó una bolsa con ellas y nos la dio al despedirnos. Desde entonces, al recordarla venía a mi memoria el apelativo puesto por nosotros, cuyo título encabeza esta fugaz historia.
Fluyó un tiempo indeterminado, vasto, lato, desdibujado ya por la distancia, durante el cual no volví a escuchar noticias de la Señora de las Peras. Parece, sin embargo, que no mucho después de nuestro encuentro, de aquella gratísima y lejana tarde, su esposo, al salir despidiose con el aviso y sugerencia que pronto regresaría y le daría una sorpresa.



- ¿Una sorpresa? ... ¿Cuál sería? -pensó para sí la dueña de casa-.
¿Pasaría un par de horas? Sí, un par de horas, y el señor de aquellos dominios tornó trayendo de la mano a un niño de cuatro o cinco años, muy bien vestidito, muy limpiecito y pulcro, de muy buenos modales a pesar de su corta edad.
Qué lindo niño! -exclamó la dama al verlo, agregando-: ¿cómo te llamas hijito?
La criatura le declaró su nombre y apellido ... ¡Casualidad de casualidades!: coincidían con los de su esposo.
Como adormecida, la dama posó su mirada en el niño, y, mientras le acariciaba la cabeza la desvió del pequeño. Repentina, inquisitiva e involuntariamente, como meditando en la concordancia fonética, en la afinidad y semejanza faciales, dirigiola donde su marido, interrogándolo más con los ojos que con la palabra:
- ¿Cómo dice él, Manuel?... ¿Cómo dice él que se llama?
El marido, natural y espontáneamente le repitió el nombre y apellido. Y a continuación:
- Este niño, María Luisa, es hijo mío, y he querido traértelo esta tarde para presentártelo, para que lo conozcas, y para que Manuelito también te conozca a ti.
Tratando de penetrar la frase revelada por don Manuel, la dama, arqueando las cejas sólo atinó a abrir desmesuradamente ojos y boca, de la que no volvió a salir palabra. Desde entonces y hasta su muerte, acaecida no mucho después, la Señora de las Peras jamás recuperó la razón.
Ricardo E. Mateo Durand
Tartu - Estonia
El Callao - Perú
Miércoles 07 de marzo de 2012


lunes, junio 11

Calles y Plazuelas del Callao : El Parque Guardia Chalaca


EL PARQUE GUARDIA CHALACA

Es el barrio de la clase media, construido mediante la ley regionalista de don Federico F. Fernandini. Como este barrio hay en la calle Paz Soldán, otro agrupamiento de casas, y se denomina Pasaje Fernandini, ambos provenientes de una ley regional cuando funcionaban en el Perú los Congresos Regionales que creó el Gobierno del señor Augusto B. Leguía. Estamos pues, en el Parque “Guardia Chalaca” y de él hablamos.
Viviendas frente al Parque Guardia Chalaca, construidas por la JOP / Archivo Currarino - Callao

En el Parque “Guardia Chalaca” se vive la vida de campo. Vida diurna es la que prodiga ese barrio, formado por bloques de casitas de cemento, con gente buena, con gente de trabajo.
Por el destierro que significa el distanciamiento con la ciudad y por el frío helado que hace en invierno, el buen humor de sus pobladores lo ha bautizado con el apelativo de “Siberia”... ¡Y sí que hace frío en la época invernal!
Parque Guardia Chalaca y su Pérgola / Archivo Currarino - Callao

La agrupación de casitas de cemento, que forman el barrio, tiene mucho de emotiva.
Hay jardines por todas partes. Flores a variedad. Plantaciones y adornos en los chalecitos que le dan un aspecto por demás simpático y acogedor.
Frente al agrupamiento de casitas y en dirección a la playa está la Pérgola, plagada de enredaderas. Sus bancas invitan al descanso. Su pila es un encanto.
El Parque “Guardia Chalaca” ya tiene su leyenda. En las noches tropicales, en las que el calor abochorna y produce modorra, chicas hermosas salen a tomar aire y ya de las manos con amigas, dan sus paseos por el Parque. Jóvenes del barrio, impulsados por idénticos deseos, salen de los chalecitos para dar sus vueltas por el Parque, por la Pérgola, por la Pila… Si la Pila hablase diría quiénes le han tomado su agua cristalina. Si la Pérgola hablase repetiría las frases galantes y vehementes de más de un coloquio cupidesco. Si el Parque confesase, ¡cuantas aventuras tenoriescas se conocerían como para editar una novela sin fin!
Fuente de información:
Alejandro Cruz Montero / Mis 25 años de Periodista 1926-1951
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